Las puertas del ascensor privado se cerraron, cortando el flujo de aire acondicionado y el sonido de las oficinas. En el espacio confinado, la tensión que habían acumulado durante el enfrentamiento con Harrison se transformó en una electricidad estática que erizaba la piel. Esmeralda no esperó a que el ascensor llegara al garaje; se giró hacia Emilio y, con un movimiento que desafiaba toda formalidad, hundió sus manos en su cabello, tirando de él hacia abajo para devorar sus labios.
Emilio gr