Las luces del ala privada del Hospital Provincial de Aurelia se reflejaban con un fulgor tenue sobre el piso pulido, manteniendo una atmósfera de calma que contrastaba con la intensidad que se vivía dentro de la suite de maternidad. Afuera, la madrugada comenzaba a ceder sus últimos minutos a un alba limpia y despejada sobre el puerto industrial; adentro, el tiempo se medía únicamente en el compás de las contracciones y en el murmullo de promesas que Emilio le susurraba al oído a Esmeralda.
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