La lluvia comenzó a caer sobre Aurelia.
Suave al principio.
Constante después.
Desde el despacho principal de la Mansión Villarreal, el hombre recién llegado observaba las pantallas de seguridad.
En silencio.
Analizando.
Memorizando.
Sebastián llevaba varios minutos observándolo.
Y cada vez le agradaba menos.
—¿Siempre es tan callado?
preguntó.
Emilio sonrió apenas.
—No.
Cuando habla suele ser peor.
Por primera vez el recién llegado mostró una leve sonrisa.
—Gracias por la presentación.
—Sebast