La música continuaba llenando el salón.
Las conversaciones habían regresado poco a poco.
Pero algo había cambiado.
Valeria lo había notado.
Y Esmeralda también.
Cuando Emilio finalmente se acercó a recibir a Esmeralda, sus ojos no pudieron ocultar la admiración.
—Llegas tarde.
dijo él suavemente.
—¿Y perderme tu baile?
respondió ella con una sonrisa divertida.
Emilio soltó una pequeña carcajada.
Luego tomó su mano.
Y depositó un beso sobre sus nudillos.
—Te ves hermosa.
—Lo sé.
—Modesta como si