El mundo desapareció.
No existían los negocios.
No existían los enemigos.
No existían las guerras que habían librado.
No existían las pérdidas.
Solo existían ellos.
Bajo un cielo cubierto de estrellas.
En el lugar favorito de Victoria.
Rodeados por los recuerdos de toda una vida.
Y con el amor más grande que ambos habían conocido.
Emilio terminó de arrodillarse.
Sus manos temblaban.
Algo que jamás admitiría delante de nadie.
Pero aquella noche no era el poderoso empresario.
No era el León de Au