La cena fue exactamente como Caricia la había planeado: discreta, elegante y estratégicamente aislada. No era un lugar para encuentros casuales, sino para conversaciones donde lo importante no se decía directamente, pero se entendía perfectamente.
Emilio llegó puntual, sin prisa, pero sin intención de prolongar el juego más de lo necesario. No estaba ahí por interés social ni por cortesía. Estaba ahí para confirmar hasta dónde había llegado Caricia.
Ella ya lo esperaba.
Perfecta.
Impecable.
Com