El pasillo VIP del Hospital San Lucas se convirtió en un campo de batalla silencioso.
Nadie respiraba.
Nadie se atrevía a moverse.
La carpeta color vino que sostenía el Licenciado Arriaga parecía pesar toneladas. Dentro de ella no había simples documentos; había años de mentiras, violencia y secretos capaces de destruir el apellido Villarreal desde sus raíces.
El padre de Caricia sintió por primera vez en décadas algo que no conocía: terror.
Un terror real.
Crudo.
Animal.
Porque la mirada de Em