La sonrisa del padre de Caricia se ensanchó mientras observaba, a través del enorme ventanal de la sala VIP, las luces de emergencia reflejarse sobre el estacionamiento del Hospital San Lucas. Para él, aquella noche no era una tragedia familiar. Era una coronación anticipada.
Caricia, sentada frente a él con las piernas cruzadas y una copa de agua temblando entre sus dedos, todavía respiraba con dificultad después del escándalo en la Torre Villarreal. Sus ojos estaban rojos, pero no de tristeza