Después de esa noche, ya no hubo forma de fingir normalidad.
Esmeralda lo entendió desde el momento en que despertó. No fue un cambio abrupto, sino una certeza silenciosa que se instaló en su pecho: algo había comenzado, y no podía deshacerse con distancia ni con decisiones racionales. Intentó seguir su rutina, pero cada acción parecía automática, como si su mente estuviera en otro lugar, repasando cada instante vivido con Emilio.
No era solo lo que había pasado.
Era lo que seguía pasando dentr