~MILA~
Maksim, que permanecía frente a nosotros oficiando aquella ceremonia tan extraña como perfecta, me hizo un gesto con la cabeza.
—Tu turno, Mila.
Tomé aire profundamente y solté las manos de los hermanos para buscar los dos anillos restantes. Eran casi idénticos a los míos, aunque mucho más gruesos y sin los pequeños diamantes que los adornaban, por lo que tenían un diseño más masculino.
Primero tomé la mano de Paolo.
—Yo, Mila Volkova, prometo amarte todos los días de mi vida. Pr