~MAKSIM~
—¿Y las quieres? —cuestionó, inclinándose más hacia abajo, esta vez no para lamerse las tetas, sino para lamer la cabeza de mi polla.
—Sí —gruñí, echando la cabeza hacia atrás porque comenzó a repasarme todo el tallo con la lengua, asegurándose de ponerme tan duro que comenzaba a doler.
Con una perversión adictiva, me recorrió las venas hinchadas por la sangre que bombeaba mi agitado sistema sin piedad y que la concentraba allí, en mi dura y latente verga, que parecía a punto de