Las profecías no predicen futuro. Solo ofrecen opciones. Y todas terminan en sangre.
El estruendo de la batalla resonaba por toda la caverna como el rugido de una bestia moribunda. Daemon luchaba en la entrada principal, su espada cortando el aire en arcos mortales que segaban vidas como si fueran trigo. Diez soldados cayeron ante él en menos de un minuto, sus cuerpos formando una barricada de carne y acero que apenas ralentizaba el avance enemigo.
Pero por cada enemigo que caía, tres más ocupab