La isla era exactamente lo que se esperaba de una familia que tenía una isla: obscena. Villa blanca de tres pisos frente a una playa. Palmeras que alguien probablemente peinaba cada mañana. Un muelle privado con un yate que costaba más que todo lo que Valentina había ganado en su vida multiplicado por cien.
El encargado de la villa los recibió en el helipuerto con toallas frías y dos copas de champán que ninguno de los dos tocó.
---Bienvenidos, señor y señora Lincoln. La villa está lista. ¿Dese