¿Llevaste a Cristina a casa cuando se cayó de la bici, o, si vamos al caso, le enseñaste a montar después, porque su padre nunca lo hizo? ¿O le diste tu postre cada día en el colegio, eligiendo Star Crunch en la tienda —aunque te encantaban los Twinkies— solo para que pudiera disfrutar de algo más que el sándwich que le trajiste?
Lo hice, y no solo como niño, sino como hombre. Porque nunca se trató solo de dejar mi chaqueta para abrigarla ni de esperar cuarenta minutos en una fría mañana de Man