—Gabriel —dije en voz alta, todavía sorprendida de que viniera a buscarme—. Se suponía que debías esperar en el pasillo —dije agotada, atrapada entre los dos hombres, temerosa de lo que pudiera pasar.
Gabriel entró en mi habitación, cautelosamente concentrado. —No pude evitarlo; estabas tardando demasiado y me preocupé—.
Aguilar se levantó de la cama con naturalidad, cargando mi bolso. —Cristina estaba a punto de irse, pero pueden quedarse si necesita más tiempo—.
Miré a Aguilar ; su serenidad