Cristina
¿Lo de anoche realmente ocurrió?
¿El amor rudo y los besos tiernos?
¿Las palabras sucias y las verdades entrañables?
Todo era tan malvado y divino, tan imposible de creer, pero una vez que sentí las sábanas frías en mis manos, supe que esto no era un sueño.
Fue real.
Éramos reales.
Poco a poco encontré el coraje para despertar, revelando el cielo de Manhattan, iluminado como un fuego castaño rojizo que se posaba sobre el lino blanco que envolvía mi cuerpo.
—Estás despierto —dijo Gabrie