El día que yo me muera
El día que yo me muera, tú no obtendrás nada de mi herencia. Nada. Me encargaré personalmente de dejarlo todo en manos de mi hijo Elio. Si él desea darte algo, vivirás de las migajas que él decida entregarte. Pero de mí, Roxana, no verás un solo centavo más allá de lo estrictamente legal.
Roxana sintió que el mundo se desvanecía. La copa de vino estuvo a punto de resbalar de sus dedos. —¡Tú no puedes hacerme esto, Oscar! —gritó, su voz quebrándose—. ¡Te guste o no, soy tu