Entramos los dos a su despacho, dándome cuenta de que echó el pestillo a la puerta, se quitó la chaqueta dejándola en el colgador que había, sentándose después en la esquina de su mesa mirandome.
— Ya estamos aquí, ¿qué desea mi jefe? — pregunte
— Subete la falda, quiero ver lo que es mio — me dijo haciendo que me diese la risa
Aaron se levantó acercándose cada vez más a mi, cogiendo mis brazos con sus manos, mirándonos los dos muy serios
— No juegues conmigo, soy tu marido y el dueño de ti y d