Después de la ducha, volvimos al dormitorio para vestirnos, viendo una sonrisa en los labios de mi esposo, sin dejar de mirarme como yo tampoco podía apartar mi mirada de él. Nos marchamos después al salón, acercándose Aaron al mueble, poniendo dos vasos de whisky, dándome uno a mi, sentándose después a mi lado
— Me ha gustado mucho lo que me has hecho en la ducha, pero ¿hablabas en serio cuando me has dicho que quieres ser mía? eso me ha dejado un poco desconcertado — me dijo Aaron
— ¿Por qué?