Sentada en la mesa junto a la familia de Renzo. Es imposible imaginar que solo unos minutos atrás, estaba pegada a los labios del mismo mientras me movía sobre él en busca de su toque.
¿Qué verdad?
Se supone que el hombre me parece un ser nefasto.
Pero no, ahí estaba yo, encima del hombre y casi rogando para que me tomara.
Niego y sorbo de la copa que hay frente a mí.
—Cariño.
La palabra proveniente de los labios de Renzo me pone en alerta.
—¿Sí? —lo miro, regresando los pies a la tierra y alej