7. El contraataque de la serpiente venenosa
El viento helado de Seattle se colaba sin piedad a través del enorme agujero en el ventanal, trayendo consigo el aroma húmedo del asfalto y la desesperación. El sonido de una escoba arañando los fragmentos de cristal en el suelo era la única música que llenaba la pastelería «Sweet Buns». El local que dos días atrás rebosaba del dulce aroma de la masa y las risas de los clientes, ahora se sentía frío y desolado.
—¡Lo juro, Bi! Si me encuentro a esa víbora, ¡le arrancaré esa peluca a tirones! —gr