CANADA
Al llegar a uno de los centros comerciales más famosos de la ciudad, un coche se detiene ante la puerta corredera de cristal. Del coche se bajó una mujer de unos 30 años, y en su mano la manita de un niño de cinco años.
El pelo castaño recogido, el traje negro con tacones negros. En su brazo derecho el bolso rojo a juego con las gafas de sol. Incluso su suave maquillaje le daba ese toque de misterio que necesitaba para enfrentarse a todas las personas que se habían aprovechado de ella.