Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl rugido de los motores del jet privado se había convertido en un zumbido constante que vibraba a través de los huesos, un recordatorio mecánico de que estaban suspendidos a diez mil metros sobre un mundo que ya no reconocían completamente. Las ocho horas de vuelo hacia Siberia se extendían ante ellos como un paréntesis forzado en medio del caos, un espacio donde el tiempo parecía moverse con la consistencia de la miel fría.
Tamara observaba las nubes que se deslizaban bajo ellos, formaciones blancas que parecían montañas de algodón contra el azul profundo del cielo. Había algo hipnótico en esa vista, algo que permitía que su mente se alejara momentáneamente de la imagen de Elena cayendo hacia la multitud, de la sangre que había manchado las piedras de la plaza. Ejecutamos a nuestra madre, pensó, y las palabras se sentían extrañas incluso en el







