El silencio de la mansión Vane siempre me había parecido elegante, una especie de terciopelo que amortiguaba los pasos y las verdades incómodas. Pero esa mañana, el silencio era cortante. Era el sonido de una cuerda tensada hasta su límite físico, justo antes de estallar. Me desperté antes de que el sol lograra vencer la pesada seda de las cortinas de mi habitación, con esa sensación eléctrica en el pecho que te dice que tu vida acaba de cambiar de dirección y no hay forma de volver al puerto