Capítulo 104. Entre sueños y realidades.
La solicitud flotó en el aire, tan frágil como el cristal.
—¿Puedes? Por favor —repitió.
Ares se quedó inmóvil junto al sofá, con la mano aún en el interruptor de la lámpara. La penumbra dorada de la habitación parecía contener la respiración con ellos.
La miró desde la distancia, su figura menuda recortada contra la luz tenue, apenas un bulto bajo las sábanas blancas que lo miraba como un faro en medio de la niebla de su propio terror.
No pudo evitar sentir que su corazón daba un vuelco viole