A la mañana siguiente el sol entraba a raudales por las cortinas entreabiertas del estudio. Alejandro estaba sentado frente al ordenador, revisando correos de trabajo, cuando uno sin remitente apareció en la bandeja de entrada. El asunto solo decía: “Míralo bien”.
Abrió el mensaje con el ceño fruncido. Tres fotografías cargaron en la pantalla. En la primera, Valentina aparecía abrazada a Héctor frente al hospital, el rostro escondido en su cuello como si buscara refugio en él. En la segunda, sus