NARRADOR
La mansión en las montañas reposaba en un silencio sepulcral, como si el propio invierno la hubiera congelado en el tiempo. Fuera, el viento aullaba entre los pinos centenarios, azotando la nieve contra las ventanas como dedos desesperados que quisieran entrar. Dentro, las luces del centro de operaciones se apagaban una a una, los monitores parpadeando hasta quedar en negro, las Flores exhaustas durmiendo en sus cuartos después de otra noche de planes y sangre. Bruno y Ángela, en su ha