Albert Kholl la miró unos segundos y luego sonrió. —Todavía no saben de nuestro matrimonio—.
—¿Qué? —Eria fingió asombro—. ¿No se lo has dicho? Es un acontecimiento importante, ¿cómo pudiste...?
—Dalila no está lista.—
Albert Kholl se giró para mirar a la chica que estaba a su lado y le dio una palmadita en la cabeza. —La llevaré a casa solo cuando esté lista—.
—Antes de eso, si ella no quiere ir a mi casa todavía, entonces no iremos—.
No sonaba especialmente amable, pero no era difícil detecta