¡BOOM!
Una fuerte explosión se escuchó cuando el auto voló por los aires.
Fabio cayó al duro suelo con la espalda ardiéndole y los oídos silbándoles como una locomotora de tren.
Sin embargo, no tenía tiene que lamer sus heridas como un perro caído, debía escapar, había sido traicionado.
Ese explosivo en su automóvil solo lo pudo poner alguno de los suyos.
Escondido detrás del contenedor donde cayó, sintió pasos apresurados acercándose.
Se dio dos bofetadas a sí mismo con rudeza para espa