No deseo regresar a casa

Alan todavía sostenía la mano de Jesica. No con tanta fuerza como antes; era más bien como si fuera consciente de que aún la estrechaba, pero no tuviera la menor intención de soltarla.

​Jesica clavó la mirada en la ventanilla. Sus ojos seguían la hilera de pinos yang pasaban a toda velocidad. De pronto, divisó un gran cartel: SEVILLA 12 KM con una flecha hacia la derecha, y debajo: RESIDENCIA DE JONAS ORTEGA 3 KM con una flecha hacia la izquierda.

​El automóvil tomó el desvío a la izquierda.

​E
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