Al escuchar la pregunta de Alan, Jesica le escupió directamente en el rostro, aprovechando que lo tenía justo enfrente.—Mi corazón jamás latirá por un cobarde como tú, que solo se atreve a venir a mi casa cuando mi padre no está. ¡Así que quítate de mi vista, maldito infeliz!—Tú... —Alan levantó la mano, dispuesto a golpearla, pero Marco lo detuvo a tiempo.—Recuerda las órdenes de tu padre, no podemos lastimarla.—Esta vez te salvaste, señorita. Pero te aseguro que la próxima me encargaré de hacerte sufrir.Ante la amenaza de Alan, Jesica se limitó a apartar la mirada; el rostro de la hermosa joven no reflejaba ni una pizca de temor. Y eso que estaba atrapada entre Alan y la puerta del auto, con ambas manos atadas por una cuerda de nailon que la dejaba completamente indefensa.Marco conducía mientras vigilaba de reojo por el retrovisor. Había dos hombres en los asientos delanteros y otro en la parte trasera, al lado de Alan. En total, cuatro hombres armados la mantenían como
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