Las gigantescas puertas de bisagras de titanio de la mansión se sentían, por primera vez en mucho tiempo, no como un "cuartel general de guerra", sino como un verdadero "hogar". El gélido viento del Norte del exterior era ahora solo un zumbido sordo tras los cristales blindados. Ya no sonaban sirenas de emergencia, ni los archivos falsos del consejo llenaban mi escritorio.
—Julien, como intentes hacer volar ese juguete una vez más, desconectaré los plomos de toda la mansión con mis propias mano