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Viggo se quedó quieto un momento, con los hombros tensos y la mirada fija en el suelo. Finalmente, sin decir palabra, comenzó a caminar hacia el bosque. A regañadientes, lo seguí. Kieran permanecía a poca distancia, sus pasos silenciosos pero constantes detrás de nosotros.

El ambiente era denso, cargado de una sensación pesada, como si presagiara algo terrible. Algo no estaba bien.

—Algo va mal en este lugar —murmuré, rompiendo el silencio.

Viggo no dejó de caminar, y yo volví la vista hacia Ki
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