C239- LOS MEJORES PADRES
NUEVA YORK.
La luz del baño era demasiado blanca.
En medio de ese resplandor aséptico, Yasmine llevaba ya tres minutos sin moverse, con la prueba apretada contra el pecho y los ojos firmemente cerrados. El corazón le latía tan fuerte que, en el silencio del espacio, casi podía escucharlo retumbar contra sus costillas.
Mientras tanto, en la habitación contigua, Mariam esperaba sentada en el borde de la cama, con las manos entrelazadas en el regazo y sin decir nada, sabien