El trayecto de la estación a la casa fue el más largo de la vida de Gabriel. Habían retrasado la salida lo más posible, recorriendo el hangar, el comedor y hasta el depósito de mangueras, esperando ver esa figura menuda aparecer por alguna esquina. Pero Isabella se había esfumado. Ninguno de los bomberos la había visto salir, y su casillero estaba cerrado, con el parche de voluntaria colgando de la manija como una acusación silenciosa.
Cuando cruzaron el umbral de la casa, el silencio los recib