El regreso desde el tribunal fue, esta vez, una celebración contenida. Nadie se empujó. Nadie perdió la compostura. La ciudad se comportó como lo que había sido desde que la verdad empezó a arraigar: un cuerpo que cuida. A la entrada de la pensión, se improvisó un pasillo de honor. Los representantes de Liria se adelantaron y saludaron con respeto a Isadora, que devolvió el gesto con una serenidad casi antigua.
Dentro, el pequeño vestíbulo olía a pan y a sopa. Nala había preparado una olla gra