La pensión amaneció más silenciosa de lo normal. Después de jornadas intensas de gritos, multitudes y aplausos, aquella mañana parecía un respiro. Isadora se levantó temprano, tomó un desayuno sencillo con café y pan caliente que Nala había conseguido en el mercado y se sentó en la mesa de madera junto a Gabriel y Elías.
Sobre la mesa reposaba una carpeta gruesa con documentos que Clara había logrado rescatar del consejo municipal y que Maurice Delacroix había respaldado desde el ámbito financ