El amanecer trajo consigo un murmullo constante en las calles. Desde la ventana de la pensión, Isadora podía escuchar cómo la gente seguía congregándose, esperando verla, aunque fuese unos segundos. El canto de los vendedores de pan se mezclaba con voces que coreaban su nombre.
Isadora abrió los ojos lentamente, con el cuerpo cansado pero con la mente despierta. Se levantó, caminó hacia el pequeño baño de la pensión y atendió sus necesidades. El agua fría sobre sus manos y rostro la hizo estre