Capitulo 7. Condenada por Amar
Los días siguientes a la gala fueron un remolino silencioso de tensión. Nadie hablaba del beso. Nadie mencionaba la humillación. Era como si no hubiera pasado. Como si Isadora se lo hubiera imaginado. Así funcionaban los Echeverri: lo que no se podía controlar, se debía silenciar.
Pero Isadora no había olvidado. No había dormido bien desde aquella noche.
La tarjeta de Elías Ferrer seguía bajo su almohada, intacta, pero con el borde ya doblado de tanto manosearla. Aún no lo había llamado. No