CAPÍTULO SESENTA Y OCHO:GRANDIOSO.
Despierto por una presión contra mis nalgas. Le había restado importancia porque se mantenía ahí, permanente, sin empujar; simplemente te acostumbras a sentir esa firmeza y el calor. Sin embargo, se torna molesto una vez que comienza a palpitar contra mi piel hasta despertarme.
Echo mis caderas hacia atrás buscando algo de alivio, pero Ethan gruñe, lo que me saca una pequeña risa en medio de mi somnolencia.
«¡Tiene una erección!», pienso al sentir a mi esposo