CAPÍTULO 28 —Los celos, un veneno.
Anastasia.
Fue como si tuviese un resorte en la espalda al oír el timbre. Me levanté de inmediato, pero Irina se metió en medio y gritó:
—¡Yo abro! —apreté mis manos con el nerviosísimo en el punto límite, y luego mamá llamó a papá para que se acercara a la sala.
Fue evidente que Alexey era una presencia cautivadora. Su olor golpeó mis fosas, mientras su sonrisa derretía mi existencia. Estaba vestido de negro para variar, con todos sus botones hasta el cuello, que de alguna forma ocultaban sus