Mundo ficciónIniciar sesiónValentina Solís había pasado treinta años de su vida evitando violencia, pero esa mujer murió en el fuego de Moscú.
La que ahora empuñaba el Glock 19 en el sótano de una casa segura en las afueras de Oslo no era la psicoterapeuta que alguna vez creyó que todas las heridas podían sanarse con palabras. Sus manos, antes suaves por años de gestos tranquilizadores hacia pacientes angustiados, ahora mostraban callos fresco







