Mundo ficciónIniciar sesiónCuarenta y ocho horas después del mensaje de Sophie, Diego seguía mirando su teléfono como si fuera una bomba sin detonar.
La oficina en Frankfurt se había convertido en su prisión personal. Tres días sin dormir habían transformado su rostro en una máscara de agotamiento y determinación feroz. Las cortinas permanecían cerradas, bloqueando la luz natural que se filtraba entre los rascacielos alemanes. Solo las pantall







