Mundo de ficçãoIniciar sessãoLucía Solís apareció en la puerta del hotel como recordatorio vivo de que el pasado no pide permiso para volver.
Valentina la vio desde el corredor que conectaba la recepción con el jardín interior: una mujer de unos treinta y dos años, cabello oscuro recogido con la precisión de alguien que cuida cada detalle sin que parezca que lo hace, vestido de lino color arena que caía con esa naturalidad estudiada que solo logran las mujere







