Kereem frunció el ceño, tomó su brazo y la apretó contra él.
—No me jodas ahora, no quiero que hables como si no fuera a ir por ti.
Zahar apretó su boca y se dejó abrazar por él.
—Gracias, Kereem…
—¿Por qué? —Kereem delineó su boca cuando preguntó.
—Por quererme un poco… —los ojos de Kereem se volvieron oscuros, y negó. Sin embargo, Zahar tapó su boca y luego llevó sus propios labios a ellos para profundizar un beso envuelto de mucha hambre.
Ella no supo por cuanto tiempo se besaron, pero esos