HERIDAS PERFECTAS. CAPÍTULO 32. Límites
HERIDAS PERFECTAS. CAPÍTULO 32. Límites
Mikhail se quedó allí, justo al lado de aquel interruptor que acababa de presionar, y Mera dio un paso atrás, mirándolo con ojos abiertos, como si acabara de recibir una mala noticia.
—¿Qué pasa? —preguntó él, viendo el gesto de tensión en su rostro.
—Yo… creo que prefiero… sin la luz, Mikha —dijo Mera, vacilante.
Mikhail frunció el ceño, tratando de encontrarle algún buen sentido a su comentario.
—¿Por qué? —preguntó, dándose cuenta de que lo que había h