HERIDAS PEFECTAS. CAPÍTULO 36. Un vacío demasiado grande
HERIDAS PEFECTAS. CAPÍTULO 36. Un vacío demasiado grande
El corazón le latía más rápido que un motor de Fórmula 1, porque ella estaba allí, de pie frente a él. No tenía idea de por qué y de repente se dio cuenta de que tampoco le importaba. Solo sentía un alivio enorme al verla allí, como si los días no hubieran pasado, como si jamás lahubiera perdido.
—Karina… —susurró con voz ronca, como si no pudiera creer lo que veía.
Ella le sonrió, pero había una sombra de tristeza en sus ojos.
—Hola, Mik