—¡Claro que sí! —le gritó Leo de repente—. Si crees que voy a quedarme de brazos cruzados mientras te involucras con otro hombre, ¡te has equivocado de persona!
Aunque su furia la intimidaba, Susan levantó la barbilla y le lanzó una mirada gélida. —Puede que sea tu bebé, pero mi cuerpo es mío, y si tuvieras la más mínima idea de cómo vive la gente común —cosa que no tienes—, comprenderías que mis posibilidades de conocer a otro hombre se han visto seriamente afectadas por el simple hecho de que