—Entonces… ¿Cómo te sientes? —le preguntó Samuel a Susan después de que ella dejara a su madre en su apartamento una tarde. Susan se detuvo en seco. Él se había ofrecido a acompañarla hasta su coche, pero había algo en su voz —un tono de reproche— que la puso nerviosa.
Susan le lanzó una mirada. —Mamá te lo contó, ¿verdad? —preguntó con suavidad.
Samuel asintió, con una expresión a la vez de disculpa y preocupación. —Sí, me lo contó.
Susan exhaló, sintiendo una mezcla de alivio y aprensión. Hab