Dulces Donas
Había pasado veinticuatro horas en mi habitación llorando hasta que mi cuerpo se quedó sin liquido.

Sabía que este día llegaría pero aún así, no hizo que doliera menos. El pecho me ardía, desde que estuve en su casa y no dejaba de dolerme...temía que no dejara de dolerme nunca.

Sólo me quedaban los recuerdos del que fue mi único amor y tenía que atesorarlos en mi memoria y vivir en desdicha toda mi vida.

Nunca creí que llegaría a conocer el amor verdadero, al menos tenía el privilegio de deci
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